jueves, mayo 05, 2011

Mi primer libro

El profesor Cuauhtémoc Pérez Gerardo rezaba constantemente: di no el estreñimiento cerebral. Hablaba de autores, libros y citas que yo no conocía. La biblioteca de la preparatoria la visitaba sólo para leer el periódico o hacer tareas, pero recordé que años atrás la misma secundaria me quitó el interés por leer al mantener la biblioteca siempre cerrada. Por eso un día decidí sacar un libro, al azar. Se llamaba Ensayo sobre la ceguera, del autor José Saramago.

El hábito de la lectura por placer lo perdí durante años, por lo que creía difícil terminar un libro no relacionado con la escuela. No fue así.
Han pasado siete años desde eso, por lo que no recuerdo las palabras exactas, pero el primer párrafo hablaba sobre un semáforo que cambió de luz ámbar a roja, luego de roja a verde; pero un automóvil, por alguna razón, no avanzaba.

Está de más contarles la historia. Quizás el título no diga mucho o no conozcan los trabajos de Saramago, pero el libro me cautivó por una razón; era una historia cruel. Realista. Nada de amigos imaginarios, finales felices o superación personal. Los personajes se ven envueltos en circunstancias que nunca imaginaron. Y cada quien las sobrelleva de distinta manera.

Lucha de poderes, parece ser el tema principal. Quienes nunca han tenido poder y se les presenta la oportunidad, lo toman sin chistar. Quienes saben que el poder de las palabras es superior al físico, construyen estrategias. Quienes no poseen liderazgo, siguen; se van con el mejor postor.

Ensayo sobre la ceguera, un libro de 439 páginas. Párrafo a párrafo, capítulo a capítulo, seguí la historia de toda una comunidad aislada por una extraña ceguera blanca. Todos menos ella; la mujer, la esposa del doctor, la estratega.
            Se convirtió en una especie de traductor entre los ciegos malos y los buenos. Se las ingenió para salir del caos y ayudar a sus amigos.

La historia la tomo ahora como metáfora de una sociedad cegada por los intereses personales, la locura y la ley del más fuerte.

Suele recordarse el primer beso, el primer amor, incluso el primer mejor amigo. Yo, por mi parte, recuerdo con añoranza aquel primer libro. Al primer autor que me cautivó y me incitó a seguir leyendo hasta el día de hoy. Gracias, José Saramago.

miércoles, febrero 23, 2011

Mi portero

En los últimos seis meses nadie me llamó la atención. Sólo él. Olvidé tomarle una fotografía, incluso preguntar su nombre. Pero todos los días lo veía ahí, puntual, en la entrada de la universidad. ¿De quién hablo? De un señor grande, de mirada cansada; a veces perdida. Solía usar la misma ropa, y en tiempos de frío, un suéter rojo.

Inusual por vender dulces cuando todos vendían soda. Inusual su silencio cuando todos peleaban por comprador. Tantas historias le inventé que hasta me adueñé de una. Su vida no podría ser otra.
           Nuestra relación no pasó de compra venta. Una o dos ocasiones. En realidad no me gustaban los dulces, pero quería escuchar su voz.

Y de repente desapareció. Sin decir más. Pasaron casi dos meses; ya me había resignado a no verlo jamás. ¡Hasta empecé a extrañar los dulces que no me gustaban! Y un día, el último día que pisé la universidad, lo volví a ver. No en el lugar de costumbre, lo cual incrementó mi sorpresa. Y le dirigí una última mirada, creyendo que volvería otro día, sin saber que ésa sería la última vez que lo vería...

Tuvo mi atención durante seis meses, y sin embargo nunca recibió un “hola” o un “adiós”.

viernes, noviembre 19, 2010

Gatos y piojos...

Quiero un mundo donde los hombres se abracen, las mujeres se besen y los niños no se queden sin respuestas.

Quiero un mundo donde el pan siempre esté caliente, las fogatas nunca se apaguen y la nieve no se derrita.

Quiero un mundo con burbujas en el cielo, papa en la tierra y gatos en la recámara.

¡Quiero gritar al hacer el amor! Quiero leche en la bañera, pintura en la cara y hot cakes por la mañana. 


Quiero bailar a diario, reír con mis amigos. Y una vez cada 10 años, desaparecer en el olvido...

jueves, noviembre 11, 2010

Tres minutos y la nada

Sólo minutos desde que salió el sol. Las sombras inicial el baile, los gorriones entonan su canto. Las calles solitarias ceden turno a los primeros pasos. Las huellas del diario, una tras otra, siguen un camino trazado.

Un vehículo, el transporte. La lucha diaria por el asiento o el comprador. Los sueños interrumpidos encuentran lugar en medio del bullicio. A lo lejos se escucha un monólogo singular entre un humano y hojas de papel. De vez en cuando el humano lo hace diálogo. Rara vez quiere que lo escuchen...

La monotonía de las noticias del diario. La sorpresa ha desaparecido; los titulares no llaman la atención. Ni siquiera lo hacen el color de los árboles, el llanto del niño o la muerte de una mosca.

Las vías subterráneas nos inundan con oscuridad. Paredes similares, algunas luces. El mismo paisaje de ayer y de mañana. El señor de al lado ha desaparecido, pero alguien ya tomó su lugar.

Adiós, dicen las sombras; hola, responde la luz. Rostros desconocidos en calles familiares. Los recuerdos del ayer y los planes de mañana. Olor a torta de tamal, champurrado y quesadillas invaden en lugar.
 
Datos, fechas y frases sin sentido en las aulas. Debate, motivación o controversia en las conversaciones cotidianas.

Por la tarde, dos novios, cinco amigos y una comida. Los sueños entre clase, la tarea inconclusa, el bocado apresurado, los besos fugitivos.

Por la noche, el sol le da la bienvenida a la luna. Los rostros cansados ansían el calor de hogar. El frío, un cigarro y el café se saludan puntuales. Nunca a destiempo.

Dame una muestra gratis, vendedor. Déjame romper con mis rostro tus burbujas. Hazme bailar al recordar aquel domingo por la mañana que nunca terminó.

No silencies a tu hijo, señora; me intrigan en demasía sus preguntas. Y tú, voceador, calla; dejadme escuchar el silencio. Un secreto.

Paso a paso, escucho de nuevo las sombras. Interpreto el cantar de los grillos y el secreto del rumbo de las estrellas.

Pasa la noche y... queda poco tiempo para que vuelva a salir el sol...