viernes, noviembre 19, 2010

Gatos y piojos...

Quiero un mundo donde los hombres se abracen, las mujeres se besen y los niños no se queden sin respuestas.

Quiero un mundo donde el pan siempre esté caliente, las fogatas nunca se apaguen y la nieve no se derrita.

Quiero un mundo con burbujas en el cielo, papa en la tierra y gatos en la recámara.

¡Quiero gritar al hacer el amor! Quiero leche en la bañera, pintura en la cara y hot cakes por la mañana. 


Quiero bailar a diario, reír con mis amigos. Y una vez cada 10 años, desaparecer en el olvido...

jueves, noviembre 11, 2010

Tres minutos y la nada

Sólo minutos desde que salió el sol. Las sombras inicial el baile, los gorriones entonan su canto. Las calles solitarias ceden turno a los primeros pasos. Las huellas del diario, una tras otra, siguen un camino trazado.

Un vehículo, el transporte. La lucha diaria por el asiento o el comprador. Los sueños interrumpidos encuentran lugar en medio del bullicio. A lo lejos se escucha un monólogo singular entre un humano y hojas de papel. De vez en cuando el humano lo hace diálogo. Rara vez quiere que lo escuchen...

La monotonía de las noticias del diario. La sorpresa ha desaparecido; los titulares no llaman la atención. Ni siquiera lo hacen el color de los árboles, el llanto del niño o la muerte de una mosca.

Las vías subterráneas nos inundan con oscuridad. Paredes similares, algunas luces. El mismo paisaje de ayer y de mañana. El señor de al lado ha desaparecido, pero alguien ya tomó su lugar.

Adiós, dicen las sombras; hola, responde la luz. Rostros desconocidos en calles familiares. Los recuerdos del ayer y los planes de mañana. Olor a torta de tamal, champurrado y quesadillas invaden en lugar.
 
Datos, fechas y frases sin sentido en las aulas. Debate, motivación o controversia en las conversaciones cotidianas.

Por la tarde, dos novios, cinco amigos y una comida. Los sueños entre clase, la tarea inconclusa, el bocado apresurado, los besos fugitivos.

Por la noche, el sol le da la bienvenida a la luna. Los rostros cansados ansían el calor de hogar. El frío, un cigarro y el café se saludan puntuales. Nunca a destiempo.

Dame una muestra gratis, vendedor. Déjame romper con mis rostro tus burbujas. Hazme bailar al recordar aquel domingo por la mañana que nunca terminó.

No silencies a tu hijo, señora; me intrigan en demasía sus preguntas. Y tú, voceador, calla; dejadme escuchar el silencio. Un secreto.

Paso a paso, escucho de nuevo las sombras. Interpreto el cantar de los grillos y el secreto del rumbo de las estrellas.

Pasa la noche y... queda poco tiempo para que vuelva a salir el sol...