Sólo minutos desde que salió el sol. Las sombras inicial el baile, los gorriones entonan su canto. Las calles solitarias ceden turno a los primeros pasos. Las huellas del diario, una tras otra, siguen un camino trazado.
Un vehículo, el transporte. La lucha diaria por el asiento o el comprador. Los sueños interrumpidos encuentran lugar en medio del bullicio. A lo lejos se escucha un monólogo singular entre un humano y hojas de papel. De vez en cuando el humano lo hace diálogo. Rara vez quiere que lo escuchen...
La monotonía de las noticias del diario. La sorpresa ha desaparecido; los titulares no llaman la atención. Ni siquiera lo hacen el color de los árboles, el llanto del niño o la muerte de una mosca.
Las vías subterráneas nos inundan con oscuridad. Paredes similares, algunas luces. El mismo paisaje de ayer y de mañana. El señor de al lado ha desaparecido, pero alguien ya tomó su lugar.
Adiós, dicen las sombras; hola, responde la luz. Rostros desconocidos en calles familiares. Los recuerdos del ayer y los planes de mañana. Olor a torta de tamal, champurrado y quesadillas invaden en lugar.
Datos, fechas y frases sin sentido en las aulas. Debate, motivación o controversia en las conversaciones cotidianas.
Por la tarde, dos novios, cinco amigos y una comida. Los sueños entre clase, la tarea inconclusa, el bocado apresurado, los besos fugitivos.
Por la noche, el sol le da la bienvenida a la luna. Los rostros cansados ansían el calor de hogar. El frío, un cigarro y el café se saludan puntuales. Nunca a destiempo.
Dame una muestra gratis, vendedor. Déjame romper con mis rostro tus burbujas. Hazme bailar al recordar aquel domingo por la mañana que nunca terminó.
No silencies a tu hijo, señora; me intrigan en demasía sus preguntas. Y tú, voceador, calla; dejadme escuchar el silencio. Un secreto.
Paso a paso, escucho de nuevo las sombras. Interpreto el cantar de los grillos y el secreto del rumbo de las estrellas.
Pasa la noche y... queda poco tiempo para que vuelva a salir el sol...